Eras la apuesta más grande de todas,
Nervioso, jugué a ganador,
Precipité mi jugada, mostré las cartas,
Rocé las fichas, titubeé un par de veces,
Para quedarme sin más que un puño cerrado
Y que tentador era el premio,
Ese que ningún casino me podía prometer
Tu mano, tu mirada, tu sonrisa, tú
Mi estrella matutina de la noche,
Esa que no podía esperar al sol por verme,
Esa que soñaba con ser luna para velarme el alma.
Si tanta era la pasión marchita en el verso,
Aquel que no pudo encontrar asilo en el cantar de tus labios,
Que tímidamente emergía de una sonrisa camuflada en la inocencia,
Piadosa mía, pecador de nadie,
Si tanto deseabas encontrar en mis brazos el calor
Que el verano no pudo entregarte en sus tardes,
¿Por qué no correr entonces a tu lado?
A la tierra en la que el viento canta al son del bambú
Y los dioses decoran el paso de los hombres por la tierra,
Al lugar donde el cielo se une con el mar,
Más allá de donde el horizonte de la cordura pudo llevarme
Te busqué, crucé los mil mares sobre el dragón de plata
Esperando encontrarte al final de la jornada en que el día enviudó en noche
Y la noche dejó el duelo para vestirse de naranjo amanecer,
Como las tostadas costas de tu piel, al otro lado del mundo.
Mas solo el silencio me acompañó en mi travesía,
El epitafio de lo que alguna vez prometimos,
Espectáculo de sueños rotos, boulevard de esperanzas vagabundas,
Esas que perdieron a sus dueños y van a la deriva por la calle,
Llorando en la tarde, perdidas entre un océano de luces rojas,
Así, las estaciones se saludaron la una a la otra,
Haciendo caso omiso del latido de un corazón que aún cantaba tu canción,
Al compás de los ojos rasgados, al tiempo de tus pupilas negras,
Y cuando parecías haber desaparecido, regresas como espectro
A susurrarme al oído palabras heladas, de un pasado fallecido en cenizas
De las que ni el fénix podría volver a la vida,
Un nombre oxidado por el llanto que cayó
En el desamor de tus sentencias y de tu adiós
Y así es, como después de todo,
De meses, días, vidas,
No puedo terminar de decirte todo lo que te hubiera dicho,
Todo lo que quiero gritarte, ni todo lo que desearía abrazarte,
Y tú, en diez miserables líneas,
Dijiste todo y más de lo que había que decir…
Aaron C.
lunes 13 de abril de 2009
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