Soñar es recordarte,
Aquel pasado muerto y desfalleciente
Acuchillado por las manecillas del reloj,
Recostado en su lecho funerario,
Sobre rosas, poemas, cuadros,
Sobre tus ojos, tus palabras, tus carias.
Memorias perdidas en la mística del ayer,
Iluminada en sepia, adornada de colores añejos,
Y es que lo eras todo haciendo nada,
Y hoy, tan sólo vestigios de una leyenda,
En la que dos personas rondaban por los patios,
Escaleras arriba, escaleras abajo
Escaleras al cielo, escaleras al infierno,
Mas yo sabía que tú estarías al final de cada senda,
Cada camino, cada día, cada respiro.
Miro los pilares dorados, vestidos de mármol rosado
Como si tiñesen tus mejillas y retocaran tus cabellos
El silencio sepulcral de los muertos entre los vivos,
Atónito ante el infinito vacío en las estatuas,
Me miran, sonríen, escuchan, consuelan
Un limbo en la capital del consumismo
Ahí aparece tu rostro, entre los ángeles que visten el cielo
Tu silueta, invisible en los bancos de maderas caoba,
Sí, te recuerdo tal como ese último día,
Llorando en el regazo de un adiós,
Un hasta nunca, el fin de los dos,
El inicio y amanecer de cada uno.
Cada vez que vengo apareces entre la concurrencia,
Entre los piadosos y los turistas,
Y yo, simplemente, te sonrío, te miro, me cayo,
te sonrío de nuevo y vuelvo a rezar
Nadando en un río de recuerdos,
Me sumerjo en lo profundo del altar mayor,
Pensado, soñando, añorando
Que algún día, un rato, me recuerdes,
Así como yo, hoy, te recordé
Eras especial, tan especial,
No podías tener un final normal
Tu tumba tenía que ser una catedral
Tu epitafio, por siempre, “Nunca jamás”.
jueves 27 de diciembre de 2007
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