sábado 24 de noviembre de 2007

Y él dejaba atrás Misselthwaite

Aaron estaba en su despacho, llenado unos documentos que tenía que enviar la ciudad al día siguiente. De pronto, el canto del viento fue interrumpido por una corriente desde el otro lado del cuarto. Apareció una figura conocida, era Erik. Levantando el rostro lentamente murmuró al vacío infinito: “Jeremiah lo espera en la biblioteca, señor”. Tras el mensaje, volvió a desparecer en los laberintos de pasillos y habitaciones de la casa.

Se puso nervioso, su pulso tembló, su rostro se volvió como el mármol. Pasó al baño y se limpio los lentes, el rostro, enderezó su corbata. Entonces dijo mirando el espejo: “Estoy listo”.

A paso rápido atravesó el pasillo, bajó la escalera hasta que finalmente, después de una serie de varios cuadros, divisó el umbral de la puerta que llevaba a la biblioteca de la mansión. Abrió la puerta, y ahí sentado en una de las mesas empolvadas y llena de libros estaba su hermano Jeremiah.

La bienvenida fue acogedora y alegre. Luego siguieron los gritos, peleas, diluciones, arrebatos de ira y contradicción, hasta que finalmente los rostros convergieron en un silencio en el que ninguno de los dos pudo decir nada más. Aaron lo sabía, Jeremiah en lo profundo de su dolido corazón también: no había vuelta atrás… el artista partiría de Misselthwaite. Finalmente, Jeremiah, abatido por las lágrimas y la tensión dejó escapar un: “bueno, haz lo que tengas que hacer…” a lo que Aaron contestó: “te amo hermano y eso nunca cambiará…”

Luego se abrazaron, lloraron en los hombros del otro. “Hay cosas que tienen que ser así” y entonces Aaron volteó y se fue raudamente del salón mientras en la lejanía se escuchaba un “no creo eso” tan frágil y débil que hubiera partido el alma del más fuerte de los caballeros. Subió a terminar sus deberes, sumido en tristeza y nostalgia.

Con esa sentencia, el artista dejaba atrás Misselthwaite y con ello una etapa de sueños, esperanzas, sueños rotos y aventuras que nunca volverán a contarse. Aaron parte a la ciudad nuevamente, dejando atrás su amado taller, la galería Covenant, sus sirvientes más leales, Erik y Linus, su familia, ya que sabía que con esto el destierro del resto de su familia era seguro.

"...Adiós, entonces, amada Misselthwaite. Nos volveremos a ver, en otro momento, otra vida…"

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