viernes 14 de septiembre de 2007

The Ship of Dreams


Hay varias cosas que me han marcado en mi vida. Hoy me quiero referir a una en particular: The R.M.S TITANIC.

Esto surgió por ahí por el 98’, cuando obligado fui a ver una película con mi familia. Yo recordaba o sabía algo de un barco y un iceberg, pero más allá de eso nada. Vi la película, me gustó mucho. Muchos pensaban que había quedado enganchado de la trama: un pobretón enamorado de una mujer rica en un barco hundiéndose. Una especie de Romeo y Julieta en el siglo XX. La historia no podía importarme menos. Yo me enamoré del barco en sí y de lo que representa para el mundo: sus salones, sus finísimas terminaciones en los salones de primera, la escalera, el Café Parisien, entre muchas otras cosas.

Después de ver la película mil millones de veces, opté por comprar un libro del barco que aun tengo hasta hoy y lo leí hasta aburrirme. Me documenté del tema, actualmente sé exactamente la ubicación de todo en ese barco: la distribución de los cuartos, cada suceso, cada pista. Desde su construcción hasta ese fatídico 14 de Abril de 1912 cuando fue la última vez que vio la luz del día, para mi seguirá siendo el mejor trasatlántico del mundo.

Para el 99’ vi mi sueño hecho realidad, un juego de computador llamado “Titanic: An adventure out of time” que trataba de un agente secreto en una misión a bordo del barco la noche del desastre, en cuyas manos esta el destino del mundo (evitar la Primera y Segunda Guerra Mundial). Aluciné viajando por las cubiertas, resolviendo misterios y puzzles.

¿Sabía usted que el Titanic tenía dos barcos gemelos: el Olimpic y el Britanic? ¿O acaso que tenía piscina en la cubierta F? Nadie supo de los baños turcos en la cubierta E, ni tampoco del salón de lectura y escritura. Los salones públicos de segunda y tercera nunca fueron incluidos en ningún film.

Cada año va quedando menos de ese coloso que se jactaba de ser un barco que jamás se hundiría, perdiéndose así en el fondo del océano. Hoy, volví al Titanic y, como siempre, sigo enamorado. Una suerte de amor platónico. Gracias por leer.

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