domingo 30 de septiembre de 2007

“Profe, ¿Está casado?”

No soy un chico que ande emparejado. Es más, hace mucho no lo estoy. Nunca me ha gustado la primavera, pero ahora de mayorcito llegué a aborrecerla. No me agrada, porque, además de las alergias que te dejan con media laringe colgando por las fosas nasales y polen volando por todo Santiago, parece ser que las hormonas de todo el mundo comienzan a saltar masivamente en una suerte de intento por sacar la Tierra de órbita.

De un tiempo a esta parte veo a la mitad del mundo comprometido. He pensado hasta en grabar la palabra “felicidades” en un mp3 y reproducirlo cada vez que alguien me dice: “Estoy pololeando”, para no gastar la voz. Y no es que no me importe, sino que todo pareciera una emboscada con un solo propósito: recordarte de manera abrupta “¡Hey! Estás sólo”.

Lo anterior no me molesta en lo más mínimo en mi desempeño laboral ni estudiantil, pero siempre es infaltable el comentario de parte de algún colega o compañero sobre el tema. Yo tengo mis serias sospechas que mi padre cree de verdad que soy maraco, porque nunca hablo de minas en mi casa y menos con él, por lo que tiene pruebas contundentes para pensar que me ando revolcando con cualquier maricón Larry. Pero la verdad, es que quizás puede que me guste alguien, pero no hago mucho al respecto. Aprendí a simplemente dejarme estar.

Me desagrada terriblemente que la gente me mire como si fuera una clase de minusválido social por no estar con alguien. Digo yo ¿Acaso no importa los logros profesionales que haya alcanzado a este punto? Al parecer todo queda opacado ante el comentario “¿Y tú no estai pinchando?” “¿Cómo es posible que no tengai a nadie?”, entre otros.

Confieso que a ratos me gustaría tener a alguien con quien compartir alegrías y una que otra pena por ahí, pero es lo que hay por ahora no más. El otro día un alumno me pregunto “Profe, ¿está casado?” A lo que respondí casi con orgullo: “Mr. Godoy, there’s no ring on my finger.” Después de todo, estar soltero también tiene muchas ventajas y muchas libertades. Algún día, quizás, echaré de menos estar sólo. Lo único cierto, acompañado o no, me carga la primavera.

En fin reflexiones primaverales. Éste paria social soltero se retira a ver que puede hacer para no pasar por el insomnio otra vez.

1 comentarios:

pequita dijo...

Hola!!!. Que lata que no te guste la Primavera, la verdad es que a mi me encanta, porque empieza a hacer más calor, los días se sienten más largos y podemos un lograr un tono de piel más saludable que el de poto de monja que tengo ahora.
Lo importante de estar con alguien o no, es si uno está feliz. Hay personas que piensan "mejor solo que mal acompañado", lo que tb. es muy válido.
Yo llevo casi 6 años...tiempo que jamás pensé en cumplir por mi carácter difícil y personalidad patiperra, pero ya ves.
Es mejor lento, pero seguro.
Estoy convencida de que siempre habrá una persona que se interese por nostros y por lo mismo hay que estar despiertos.
Besitos, chau