Esta es una historia real, le sucedió al amigo de un amigo, Eusebio. Sí, se llamaba Eusebio y era profesor de matemáticas. Ahí estaba Eusebio un viernes como cualquier otro viernes, pero este sería diferente. Ese Viernes se encontraría con Dominga, una chica que no conocía, pero sí conocía producto de las innumerables citas y diálogos virtuales que sostenía con ella por MSN.
Ese día Eusebio leyó su horóscopo del guerrero Samurai, basado en Las Crónicas de Narnia. Los astros lo predecían: sería el día en el que todo saldría perfecto. Despreocupado, nuestro amigo procedió a ir a tomar un par de tragos con sus amigos: Braulio, Domitila y Candelaria. Intercambiaron risas, chistes morbosos (típicos de este grupo tan peculiar de amigos) y, lógicamente, más de unas cuantas copas.
Ese día viernes tan común y corriente era el día internacional sin mi auto, un día donde los ciclistas se sienten dueños del mundo y que Braulio, deportista y físico culturista por naturaleza, no podía dejar pasar. Así que ahí estaban los precisos, sentados conversando: Eusebio, Candelaria, Domitila, Braulio y su bicicleta. Esta última fue la que más tomó y menos plata puso.
Ya adentrándose la oscuridad, Domitila le preguntó a Eusebio que haría esa noche, a lo que el respondió que tendría una once especial con una chiquilla exportada directamente de la web. Y en eso suena el celular Smartcom de Eusebio, que ya no era Smartcom, ahora era Claro, aunque Eusebio no lo sabía.
Dos voces sonaron al otro lado del teléfono. Extrañado, Eusebio comenta esto con Domitila y Candelaria camino al metro. Al llegar allí fueron testigos de un mal augurio que ninguno de los tres fue capaz de interpretar a tiempo: el tren era dos vagones más corto que lo usual. A raíz de esto Candelaria afirmó: “Cuando el tren es más corto siempre deja la caga atrás”.
Eusebio llegó 10 minutos tarde al punto de encuentro. Iba en su mundo, pensando que pasaría esa velada que, sin lugar a dudas, prometía ser una de las mejores de los últimos meses. De pronto y súbitamente sus pensamientos se vieron torpedeados por un par de chiquillas que gritaron en conjunto como un coro eclesiástico sin ni una sola armonía: ¡EUSEBIO!¿EUSEBIO?¡¡EUSEBIO!!
Ahí estaba la chica de Internet, alta, preciosa, con una polera y unos jeans que le venían de perilla. A su lado una chica, que Eusebio también había visto en algún fotolog por la web. Ahora la veía ahí en vivo y en directo como una peste que amenazaba sus planes y sus intereses. Lamentablemente, Eusebio no era UDI, por lo que no pudo defender sus intereses, pero hubiera deseado tener las “Alas para todos” de Lavín para por lo menos salir volando de ahí. En esa situación, Eusebio se habría conformado incluso con las Ladysan con alitas mágicas de aloe vera.
Pero el destino fue cruel, así Eusebio se vio envuelto en una pesquisa y excursión nocturna a más de 10 cuadras del café donde el meticulosamente había planeado su cita con la chica ex-virtual. Sí, partió ahí de noche en busca de una central de llamados ya que la amiga de la chica cibernética recibió un llamado urgente, en el cual se le comunicaba que su madre estaba gravísima en un hospital X.
Dadas las extrañas pero comunes circunstancias que podían ocurrir en cualquier viernes, que además era el día internacional sin mi auto, la chica no tenía un pololo como cualquiera. No, ella tenía un pololo argentino que vivía en Mendoza, pero viajaba semanalmente a Santiago. Ella tenía que comunicarse sí o sí con él. Eusebio se preguntaba para sí: “¿Qué cresta saca con llamar a ese infeliz si está cruzando Los Andes?” Pensó entonces que quizás era Flash o bien algún alienígena capaz de soportarla.
Eusebio con una sonrisa forzada y débil aceptó la situación, típica y común, que puede ocurrir cualquier viernes. Ahí tuvo un par de minutos de intimidad con la chica en cuestión. Efímeros momentos de gloria, que serían abruptamente interrumpidos por el deseo de la chica platónica-virtual de ir a depositar mega bites en el inodoro más próximo. Lo más cercano era un Economax.
Ahí fue a parar Eusebio, cansado y molesto, pero poco se imaginaba él que la noche estaba lejos de acabar, pues al descender en el recinto, la amiga de la chica Tecnópolis empezó a llorar, sobrepasada por la presión. Sin embargo, todos sabemos que SQP no tiene suficientes eventos como para subir el raiting, así que de la nada sale del baño de hombres un tipo completamente X, denominado, brillantemente por Eusebio, el agregado cultural metalero EMO.
Ahí estaban abrazados, la amiga envuelta en lágrimas y mucosidad primaveral y el tipo que no el encontraba sentido a su existencia. Mientras esta escena ocurría a la salida de los servicios higiénicos, Eusebio, casualmente amante de los lenguajes orientales, sacó un diccionario Japonés de su bolso y empezó a traducir el nombre del restaurante japonés de ese patio de comidas. Su descubrimiento fue asombroso: SUSHI. Tardó más de 15 minutos para darse cuenta que los símbolos decían shushi, igualito a las letras romanas que estaban al otro costado del letrero.
Luego la chica se sentó. Eusebio tenía hambre, así que sacando sus últimos aires de príncipe y “chebalier” citadino, invitó a las damas a comer un par de churrascos descomunales en un local de ahí. Eusebio por su lado pidió un lomo a lo pobre.
En el local, la cajera le preguntó inocentemente a Eusebio: ¿A qué punto de cocción desea su carne?” y Eusebio, muy bueno pa’ la talla, responde: “Como suela de zapato”. La chica, perpleja ante esta situación, se vio en la necesidad de llamar a uno de los cocineros para que interpretara la metáfora del comentario.
La cita de Eusebio terminó en el lugar menos pensado, a la hora menos pensada, con la mujer menos pensada, el día más común, viernes. Luego la amiga llamó a un par de amigos para que la pasaran a buscar. A los pocos momentos llegaron unos rufianes que saludaron atentamente a Eusebio. Uno de ellos saludo muy cariñosamente a la amiga de la chica Terra. Eusebio, curioso por naturaleza, pregunta a chica VTR triple pack Light: ¿Ese es el pololo? Y ella responde con mucha simpleza: “No, ese es un amigo de la familia de ella que está enfermo y ama a mi amiga, y no puede saber que está pololeando con otro tipo o puede matarse aquí”. Algo típico común que puede ocurrir cualquier viernes, el día internacional sin mi auto.
Al cabo de unos cortísimos 30 minutos desapareció la sanguijuela de amiga, quien aseguró invitaría a Eusebio al cine. Eusebio sólo miró la sucia cerámica del piso. Y al fin quedó solo con la chica Messenger. Al fin, el momento de la noche. Duró 37.6 segundos hasta que llamó la amiga una vez más. Esta vez para cerciorarse que “todo estuviera bien”.
De camino al metro la chica virtual le dice: “Te noto raro ¿estás enojado?” Esta es una historia real, le sucedió al amigo de un amigo, Eusebio. Ahora se dedica a escribir nano-metrajes para el metro y estudiar para su prueba de Est.Trad.Inglés.
Ese día Eusebio leyó su horóscopo del guerrero Samurai, basado en Las Crónicas de Narnia. Los astros lo predecían: sería el día en el que todo saldría perfecto. Despreocupado, nuestro amigo procedió a ir a tomar un par de tragos con sus amigos: Braulio, Domitila y Candelaria. Intercambiaron risas, chistes morbosos (típicos de este grupo tan peculiar de amigos) y, lógicamente, más de unas cuantas copas.
Ese día viernes tan común y corriente era el día internacional sin mi auto, un día donde los ciclistas se sienten dueños del mundo y que Braulio, deportista y físico culturista por naturaleza, no podía dejar pasar. Así que ahí estaban los precisos, sentados conversando: Eusebio, Candelaria, Domitila, Braulio y su bicicleta. Esta última fue la que más tomó y menos plata puso.
Ya adentrándose la oscuridad, Domitila le preguntó a Eusebio que haría esa noche, a lo que el respondió que tendría una once especial con una chiquilla exportada directamente de la web. Y en eso suena el celular Smartcom de Eusebio, que ya no era Smartcom, ahora era Claro, aunque Eusebio no lo sabía.
Dos voces sonaron al otro lado del teléfono. Extrañado, Eusebio comenta esto con Domitila y Candelaria camino al metro. Al llegar allí fueron testigos de un mal augurio que ninguno de los tres fue capaz de interpretar a tiempo: el tren era dos vagones más corto que lo usual. A raíz de esto Candelaria afirmó: “Cuando el tren es más corto siempre deja la caga atrás”.
Eusebio llegó 10 minutos tarde al punto de encuentro. Iba en su mundo, pensando que pasaría esa velada que, sin lugar a dudas, prometía ser una de las mejores de los últimos meses. De pronto y súbitamente sus pensamientos se vieron torpedeados por un par de chiquillas que gritaron en conjunto como un coro eclesiástico sin ni una sola armonía: ¡EUSEBIO!¿EUSEBIO?¡¡EUSEBIO!!
Ahí estaba la chica de Internet, alta, preciosa, con una polera y unos jeans que le venían de perilla. A su lado una chica, que Eusebio también había visto en algún fotolog por la web. Ahora la veía ahí en vivo y en directo como una peste que amenazaba sus planes y sus intereses. Lamentablemente, Eusebio no era UDI, por lo que no pudo defender sus intereses, pero hubiera deseado tener las “Alas para todos” de Lavín para por lo menos salir volando de ahí. En esa situación, Eusebio se habría conformado incluso con las Ladysan con alitas mágicas de aloe vera.
Pero el destino fue cruel, así Eusebio se vio envuelto en una pesquisa y excursión nocturna a más de 10 cuadras del café donde el meticulosamente había planeado su cita con la chica ex-virtual. Sí, partió ahí de noche en busca de una central de llamados ya que la amiga de la chica cibernética recibió un llamado urgente, en el cual se le comunicaba que su madre estaba gravísima en un hospital X.
Dadas las extrañas pero comunes circunstancias que podían ocurrir en cualquier viernes, que además era el día internacional sin mi auto, la chica no tenía un pololo como cualquiera. No, ella tenía un pololo argentino que vivía en Mendoza, pero viajaba semanalmente a Santiago. Ella tenía que comunicarse sí o sí con él. Eusebio se preguntaba para sí: “¿Qué cresta saca con llamar a ese infeliz si está cruzando Los Andes?” Pensó entonces que quizás era Flash o bien algún alienígena capaz de soportarla.
Eusebio con una sonrisa forzada y débil aceptó la situación, típica y común, que puede ocurrir cualquier viernes. Ahí tuvo un par de minutos de intimidad con la chica en cuestión. Efímeros momentos de gloria, que serían abruptamente interrumpidos por el deseo de la chica platónica-virtual de ir a depositar mega bites en el inodoro más próximo. Lo más cercano era un Economax.
Ahí fue a parar Eusebio, cansado y molesto, pero poco se imaginaba él que la noche estaba lejos de acabar, pues al descender en el recinto, la amiga de la chica Tecnópolis empezó a llorar, sobrepasada por la presión. Sin embargo, todos sabemos que SQP no tiene suficientes eventos como para subir el raiting, así que de la nada sale del baño de hombres un tipo completamente X, denominado, brillantemente por Eusebio, el agregado cultural metalero EMO.
Ahí estaban abrazados, la amiga envuelta en lágrimas y mucosidad primaveral y el tipo que no el encontraba sentido a su existencia. Mientras esta escena ocurría a la salida de los servicios higiénicos, Eusebio, casualmente amante de los lenguajes orientales, sacó un diccionario Japonés de su bolso y empezó a traducir el nombre del restaurante japonés de ese patio de comidas. Su descubrimiento fue asombroso: SUSHI. Tardó más de 15 minutos para darse cuenta que los símbolos decían shushi, igualito a las letras romanas que estaban al otro costado del letrero.
Luego la chica se sentó. Eusebio tenía hambre, así que sacando sus últimos aires de príncipe y “chebalier” citadino, invitó a las damas a comer un par de churrascos descomunales en un local de ahí. Eusebio por su lado pidió un lomo a lo pobre.
En el local, la cajera le preguntó inocentemente a Eusebio: ¿A qué punto de cocción desea su carne?” y Eusebio, muy bueno pa’ la talla, responde: “Como suela de zapato”. La chica, perpleja ante esta situación, se vio en la necesidad de llamar a uno de los cocineros para que interpretara la metáfora del comentario.
La cita de Eusebio terminó en el lugar menos pensado, a la hora menos pensada, con la mujer menos pensada, el día más común, viernes. Luego la amiga llamó a un par de amigos para que la pasaran a buscar. A los pocos momentos llegaron unos rufianes que saludaron atentamente a Eusebio. Uno de ellos saludo muy cariñosamente a la amiga de la chica Terra. Eusebio, curioso por naturaleza, pregunta a chica VTR triple pack Light: ¿Ese es el pololo? Y ella responde con mucha simpleza: “No, ese es un amigo de la familia de ella que está enfermo y ama a mi amiga, y no puede saber que está pololeando con otro tipo o puede matarse aquí”. Algo típico común que puede ocurrir cualquier viernes, el día internacional sin mi auto.
Al cabo de unos cortísimos 30 minutos desapareció la sanguijuela de amiga, quien aseguró invitaría a Eusebio al cine. Eusebio sólo miró la sucia cerámica del piso. Y al fin quedó solo con la chica Messenger. Al fin, el momento de la noche. Duró 37.6 segundos hasta que llamó la amiga una vez más. Esta vez para cerciorarse que “todo estuviera bien”.
De camino al metro la chica virtual le dice: “Te noto raro ¿estás enojado?” Esta es una historia real, le sucedió al amigo de un amigo, Eusebio. Ahora se dedica a escribir nano-metrajes para el metro y estudiar para su prueba de Est.Trad.Inglés.
2 comentarios:
wuajajajajajjjajajjajajajajajaja
Pucha que tiene mala suerte el pobre tipo (Eusebio)!! La embarró... una serie de eventos desafortunados...
Pobre caaabro...
Espero estés de lujo!!
Cuidateeeeeeeeeeee
=mi_au=
Hola chiquillo!!! quedé pa dentro con la historia de un amigo de otro amigo...jajajajaja.
Me dio risa el elenco, sobre todos sus nombres.
Éstas son invenciones tuyas o trabajos para la U?...I need to know..jajajajaja
Espero encontrar una foto decente para que me hagas la paleteada de inmortalizarme, sería un gran honor.
PD: Pasa por mi blog y apóyame con tu voto please!!!
Chau
Publicar un comentario